EYACULACION NOCTURNA

Polución nocturna

Una emisión nocturna o polución nocturna es una eyaculación involuntaria de semen que tiene lugar durante el sueño.

Las poluciones nocturnas son más comunes durante los últimos años de la adolescencia, aunque se presentan también en el adulto. Pueden estar, o no, acompañadas por sueños eróticos. Algunos hombres se despiertan durante la eyaculación, mientras que otros siguen durmiendo y solamente se dan cuenta al despertarse y comprobar que la ropa esta manchada de semen, o ni siquiera lo notan si es que este se ha secado. Con frecuencia no recuerdan ningún tipo de sueño de contenido sexual, salvo los casos en que sus características particulares (sensación de realismo, intensidad) los graban en la mente.

Durante la pubertad, el 13% de los hombres experimentan la primera eyaculación de su vida o espermarquia durante una polución nocturna.[1] Según los estudios de Kinsey, los varones que tienen su primera eyaculación como consecuencia de una polución nocturna, presentan la espermarquia por término medio un año después de aquellos que la alcanzan por estimulación física, independientemente de que esta sea por masturbación o relaciones de pareja.[1]

Causas

Ocurre cuando el ensueño sugestiona involuntariamente al individuo o cuando este pasa una cantidad considerable de tiempo sin eyacular. En ambos casos puede contribuir el almacenamiento de imágenes o fantasías eróticas durante un cierto lapso de tiempo, aunque también depende de la intensidad de los estímulos experimentados, que normalmente se liberan en forma de vivencias sexuales ficticias generadas por el inconsciente.

Frecuencia

La frecuencia de eyaculaciones involuntarias nocturnas es muy variable y los estímulos sexuales del medio en que habita el individuo pueden ayudar a incrementarla. Algunos hombres las presentan frecuentemente, sobre todo durante la adolescencia, mientras que otros no la han experimentado jamás Según los datos estadísticos de que se dispone, el 83% de los hombres en los Estados Unidos la han presentado en alguna ocasión a lo largo de su vida.[1]

Dentro del grupo de hombres que las experimentan, la frecuencia media en solteros oscila entre 0,36 veces por semana para jóvenes de 15 años, hasta 0,18 veces por semana para los de 40. Los hombres casados presentan una frecuencia de 0,23 emisiones a la semana a los 19 años y tan solo 0,15 a la semana a los 50.[1] Por lo tanto la frecuencia máxima se da en jóvenes de 15 años y la más baja en adultos casados de 50 años. No se dispone de datos a edades más avanzadas; se supone que las emisiones disminuyen progresivamente en frecuencia a medida que avanza la edad.

En los estudios realizados en otras partes del mundo, la frecuencia de eyaculaciones nocturnas puede diferir de las de Estados Unidos. En Indonesia, el 97% de los hombres las presentan a la edad de 10 años.

Eyaculaciones nocturnas
El silencioso camino de niño a hombre

Las primeras poluciones nocturnas a los 12 o 13 años no generan la misma expectación que la menarquia en las niñas, pero el proceso conlleva cargas físicas y emocionales de igual magnitud.

Definitivamente es un asunto del que se habla poco. ¿Alguien espera el momento en que el niño tiene sus primeros sueños húmedos, como eufemísticamente se les llama? ¿Quién ha oído hablar de la espermarquia? Equivalente a la primera menstruación

Mientras para las niñas la llegada de la primera menstruación, o menarquia, es un evento que despierta expectación en la familia y de la que la mayoría tiene una buena dosis de información, el proceso similar que viven los niños - la espermarquia y las primeras eyaculaciones nocturnas- pasa casi inadvertido y los conocimientos que se manejan son mínimos.

Pero en rigor, el tema es el mismo. Espermarquia es la primera producción de espermatozoides que, generalmente, ocurre un par de meses antes de la primera eyaculación, pero que nadie nota porque se expulsan a través de la orina. Ambos procesos pueden producirse en un período bastante amplio: entre los 10 y los 14 años.

Pero en promedio, las poluciones nocturnas, como también se les llama a las primeras eyaculaciones, ocurren entre los 12 y 14 años, cuando los niños han recién iniciado su desarrollo puberal, graficado en el crecimiento paulatino de los testículos, el pene y el escroto.

Inicia la fertilidad

Con esto, el joven adquirirá la capacidad potencial de ser fértil, aunque en los primeros meses la cantidad de espermatozoides en el semen puede no ser suficiente para fertilizar un óvulo.

Competencia viril

A diferencia de la mujer, en la que la máxima velocidad de crecimiento ocurre antes de la menarquia, en el hombre el peak llega a los 14 años, después de la espermarquia,

Esto ha contribuido a que el proceso no tenga la connotación ritual que tiene la primera regla femenina, porque los signos más evidentes del crecimiento del preadolescente - altura, voz, vellos- aparecen después del primer sueño húmedo.

La vivencia emocional de este período, eso sí, deja huellas según cómo la familia lo maneje y la información que tenga el preadolescente. De ello dependerá la dosis de angustia con que el joven lo viva.
Aunque ellos no suelen recordar cuándo fue la primera polución nocturna, sí rememoran cuán importante fue ese período entre sus compañeros, las bromas que se intercambiaban, las competencias entre amigos sobre sus capacidades físicas y los problemas que sufrían quienes mostraban un crecimiento tardío.

Sólo entre amigos

La mayoría de las primeras eyaculaciones ocurren de forma inconsciente durante el sueño, pero también puede aparecer durante un proceso de autoestimulación erótica o masturbación del adolescente, explican los especialistas.

En el hombre esto se vive como algo más íntimo, entre los amigos. Entonces, cuando aparecen las primeras poluciones nocturnas tienden a esconderlo, porque todavía son niños. Recién están comenzando la adolescencia y no entienden mucho este fenómeno.

La edad de comienzo es muy diversa en los muchachos La poca o mala información inicial trae aparejados otros problemas. Las primeras prácticas se conversan entre los amigos, sobre todo lo referente a la masturbación. Y esto a los padres les genera mucho temor de que comiencen las conductas sexuales.

Por eso, señala el psicólogo, es importante la actitud que los padres tengan frente a lo que el hijo está viviendo. Se ha visto que una actitud castigadora es negativa, porque se asocia la cosa sexual a algo malo. Lo adecuado es que los padres informen al niño sobre lo que les está pasando; decirles que es normal que algunas noches se moje, que es posible que comience a sentirse atraído por las niñas y que quizás se masturbe, pero que estas conductas no son públicas sino íntimas, como la sexualidad. Esto genera una cierta protección ante cualquier situación, comenta.

Niños juegan con juguetes y ya en el curso hay otros que miran a las niñas con otros" ojos"

Los padres también deben saber que son los niños quienes más pueden sufrir si su desarrollo físico se atrasa, porque son generalmente objeto de burla de sus compañeros, y sienten que no cumplen con el estándar masculino. A esta edad los jóvenes están centrados en sus cambios y viven en permanente duda con respecto a lo que es normal o anormal. En los niños el crecimiento puberal tardío se puede asociar a sentimientos de inseguridad y de baja autoestima, explica la pediatría.

Muchos coinciden con esa apreciación. Este período de desarrollo toca en el hombre un punto muy sensible. No en relación a su definición sexual, sino a la personalidad del niño, su autoimagen, su capacidad académica y de resolución de conflictos. En eso los padres tienen que poner mucho ojo.

Por eso, los expertos aconsejan que un niño mayor de 14 años que aún mantiene un cuerpo infantil y no ha tenido las primeras poluciones nocturnas acuda al especialista porque esto podría indicar algún problema de desarrollo físico que finalmente desembocará también en uno de tipo emocional.

Mitos tontos y peludos

Siempre privilegiados, los hombres no sienten dolor con sus primeras poluciones nocturnas. Tampoco hay mitos asociados al hecho, aunque sí con respecto de la masturbación, como que el hechor se vuelve vicioso, puede quedarse tonto, ciego o que salen pelos en las manos.

Ninguno es verdad. Lo único cierto es que las encuestas muestran que más del 90% de los preadolescentes practica en algún momento la autoestimulación erótica en condiciones de intimidad.

Pero como no genera dolor, no es fácil descubrir si algo está mal. En general no nos damos cuenta de un retraso puberal por la ausencia de eyaculación o espermarquia, sino porque hay un proceso de maduración retrasado, es decir, que hacia los 14 años no haya crecimiento testicular. Por eso se pregunta a los niños cuándo comenzó a crecer el vello, el escroto o el pene, porque la verdad es que pocos se fijan si les crecieron los testículos.

Para saber cómo va el desarrollo, es necesario que los preadolescentes visiten al doctor al menos una vez al año.[